El elector tiene mucho por decir. Tenemos que escucharlo.

¿Por qué es importante escuchar?

Básicamente para entender quién es cada uno de los electores, saber qué los ilusiona, qué los asusta, qué nos quieren decir, qué nos ocultan, entre otros.

¡Tenemos que ir más allá de la escucha tradicional!

Si bien la gente puede querer o necesitar una infinidad de cosas, no todas serán relevantes o procesadas fácilmente por ellas. Para ello debemos organizar la información adecuadamente y exponerla a lo largo de la campaña que se esté realizando.

Primero, debemos tocar los temas sobre los que se habla, teniendo en cuenta que estos pueden estar marcados por la espiral de silencio, la aquiescencia o la autovigilancia, por el deber ser y demás.

Segundo, debemos saber qué se dice realmente. Hoy existen diferentes softwares que señalan si las personas hablan positiva o negativamente sobre nosotros o determinados temas, pero aún falta hallar la respuesta sobre la pregunta de fondo, ¿por qué hablan de esto?

Tercero es despejar todas las variables que no sean relevantes, dejando solo la más o las más importantes. Esto es aquello que no se repite, en lo que no hay consenso total, lo que tiene mayor fuerza, un hallazgo que pueda cambiar opiniones o que afecta un área importante de la percepción.

Pero hay que tener cuidado, porque existe muchos errores al momento de escuchar.

Estos se dan principalmente cuando tomamos literalmente lo que nos dicen, cuando solo nos fijamos en aquello que nos dicen, cuando no incluimos un análisis social y político, o tomamos decisiones sin ser conscientes de toda la información recabada, también podemos fallar si creemos que los porcentajes se mantendrán, o cuando simplemente no profundizamos en los por qué.

Para ello, aquí les brindamos algunos consejos acerca de los pasos a seguir para realizar una buena escucha en cualquier campaña de marketing político o en general.

Primero debemos definir a quién o a quiénes vamos a escuchar, esto se define cuantitativamente a través de la segmentación.

  • Conozcamos sus características

– Es necesario tener un marco de interpretación de a quiénes vamos a escuchar.

– Necesitamos saber cuál es su posición sobre temas directa o indirectamente relacionados con lo que queremos averiguar. ¡Atento a nuevas conexiones!

  • De lo general a lo específico

– Las conversaciones al principio pueden ser muy genéricas, muy abiertas.

– Conforme avanza la campaña, las escuchas tienen que ir más dirigidas a lo que se está buscando lograr.

  • Confrontemos

– Pasemos de la escucha pasiva a una interacción en la que proponemos cosas, en la que ponemos a las personas a “defender” sus ideas y donde también las cuestionamos.

– Vamos a tener respuestas según lo que preguntemos. ¡Ningún espacio es aséptico!

  • Busquemos cómo cambiamos lo que hay

– No siempre se puede convencer que tenemos la mejor opción, pero podemos ser los menos malos.

– Hay procesos que demoran más de una elección y debemos ser conscientes de ello.

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